Cruces sobre el agua
Joaquín Gallegos Lara, narra la matanza de obreros el 15
de noviembre de 1922 en la ciudad de Guayaquil. Masacre, que de acuerdo a
sociólogos e historiadores, marcó el bautizo de sangre de la clase obrera en el
Ecuador.
Los sindicatos de obreros de Guayaquil deciden ir a la
huelga. Alfredo encabeza la lucha de los panaderos. El 15 de noviembre salen a
la calle a manifestar su protesta contra la carestía de alimentos, la subida
del dólar y los sueldos de hambre. El gobierno decide reprimir las
manifestaciones, y el ejército comienza a disparar sobre la multitud de
obreros, mujeres y niños. En la refriega, tras combatir heroicamente, muere
Alfredo Baldeón. Ese mismo día, su mujer, Leonor, muere al dar a luz a un niño
muerto.
Una vez que se calma la situación, ya que la gente querían
tener un nuevo estilo de vida. Alonso
decide romper su noviazgo con Violeta, pues considera que esa joven carece de
sensibilidad social. Tras un largo viaje en compañía de su madre, regresa a
Guayaquil, ciudad que ve transformada por la riqueza que manifiestan los
edificios del centro de la ciudad, y por el continuo agrandarse de los
suburbios de obreros. Al ver unas cruces sobre el agua del río Guayas, pregunta
qué significado tienen; un negro estibador le explica que se colocan allí todos
los 15 de noviembre, en recuerdo de los muertos que los militares echaron al
río después de la cruenta represión anti-obrera. Las noticas no dieron todo la
historia
El legado de José de
la Cuadra
«Mi mamá le ayudaba a escribir. Mi papá se acostaba en la
hamaca y estaba meciéndose en una silla mi mamá al lado, y él le iba dictando
mientras mi mamá [iba] cogiendo [apuntes] a pluma o a lápiz o lo que sea.
Después se levantaba mi papá y traspasaba todo eso que había cogido mi mamá a
máquina. De ahí salían los cuentos». Con estas palabras de Olga Catalina, la
hija de José de la Cuadra, comienza el documental que sobre el escritor
ecuatoriano realizó el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural INPC en
2011. Realizado a partir de una investigación de Andrés Landázuri. Cuadra
escribió sus primeros cuentos, “Nieta de libertadores” y “Madrecita falsa”, en
1923. Este último en 1930 formó parte de El amor que dormía, además de que
obtuvo una Medalla de Oro en el Concurso Literario Municipal de Guayaquil. En
1925 aparecieron Perlita Lila y Olga Catalina, folletos que contienen un solo
cuento, el que da el título al volumen. En 1926 Cuadra compuso una serie de
cuentos (“El amor que dormía”, “La vuelta de la locura”, “Mientras el sol se
pone”, “Incomprensión”). En el mismo año se fundó el Partido Socialista
Ecuatoriano. Y, desde su fundación, Cuadra militó en las filas de esta
organización. A pesar de que su actitud teórica frente a la literatura será
matizada por su compromiso social, en las narraciones de estos años escasamente
todavía se lo evidencia. Los relatos de esta época más bien precisan un
divorcio entre sus convicciones ideológicas
la cultura montubia del Ecuador
La cultura montubia es una identidad regional que empieza
a surgir a partir de la colonia, en plena explotación cacaotera, producto de la
mezcla de las sociedades nativas del litoral y serranía con esclavos negros,
españoles (principalmente andaluces), criollos y mestizos de aquella época.
En la actual Constitución de la República (Art. 56) se
reconoce los derechos del pueblo montubio, el cual se autodefinió como tal,
mediante decreto ejecutivo No. 1.394, el 30 de marzo del 2001, por constituir
una etnia social que comparten las mismas creencias, tradiciones, costumbres,
normas, formas de pensar y habla popular.
Actualmente, se contabilizan 1200 comunidades montubias que han sido
previamente inscritas en el Ministerio de Inclusión Social, localizados en los
recintos de 75 cantones de la Provincia del Guayas, Manabí, Los Ríos y el Oro.
Entre las principales manifestaciones culturales de este
pueblo, está el amorfino, que se constituye en un patrimonio oral del pueblo
montubio. Esta expresión de carácter literario se desarrolla desde principios
de la época republicana, adquiriendo fama y prestigio, aunque su origen exacto
es difícil de precisar. El amorfino se caracteriza por coplas populares
improvisadas por parte de dos músicos, que de manera alternada, hacen gala de
extraordinaria agilidad mental para crear una cuarteta de versos con rima,
mediante los cuales comentan los acontecimientos políticos o sociales, y con
los que, además, cortejan a las mujeres. De hecho, el amorfino se ha convertido
en un símbolo de la identidad del montubio, porque es el medio que usa para
expresar sus formas de pensar.
La tigra y otros
relatos brutales
Ocho historias
de violencia escritas con la sangre de sus personajes. En el estremecedor
imaginario del ecuatoriano José de la Cuadra, la realidad atropella la
inocencia de los niños, los hombres disparan contra los intentos de rebeldía de
las mujeres, la injusticia niega a los más débiles el privilegio de la
humanidad. Este es el legado brutal de uno de los padres escondidos de la más
grande literatura hispanoamericana. Hoy duele como entonces.
José de la
Cuadra nos introduce en muchos de sus relatos en la cultura montuvia. Pero,
¿quiénes son exactamente los montuvios?
Para empezar, si
buscamos la palabra «montuvio» en el diccionario de la RAE nos aparecerá el
término «montubio» definido como «campesino de la costa». La crisis política, económica y social que
desoló Ecuador en los años veinte y treinta llevó a los grandes intelectuales a
preguntarse por la identidad ecuatoriana y por el sentimiento de pertenecer a
una nación. Todos ellos realizaron sus escritos sobre su visión particular del
país, sus tierras y su población, ayudando, quizás sin saberlo, a la
conformación de un nuevo Ecuador. Su interés por la figura del montuvio le animó a realizar un
ensayo sobre el tema, El Montuvio Ecuatoriano (1937), en el que nos transmite
la identidad física y cultural del hombre montuvio, la geografía que ocupaba y
su manera de relacionarse con el entorno.
Merienda de perro, el más descriptivo de todos, contiene
la fuerza suficiente para atrapar al lector entre sus palabras.
Y, por último, La Tigra.
viaje al interior de sí mismo
Cuando yo muera quiero tus manos en mis ojos:
Quiero la luz y el trigo de tus manos amadas
Pasar una vez más sobre mí su frescura:
Sentir la suavidad que cambió mi destino.
Quiero que vivas mientras yo, dormido, te espero,
Quiero que tus oídos sigan oyendo el viento,
Que huelas el aroma del mar que amamos juntos
y que sigas pisando la arena que pisamos…
ampoco el sentimiento de la muerte dominante en la poesía
póstuma de Neruda se puede comparar con el que impera en el Canto General
(1950), donde la muerte adquiere una dimensión épico-histórica En esta obra,
una de las cumbres nerudianas, el poeta regresa a las raíces históricas de
América, escarba los intersticios de las ruinas de Macchu Picchu para
descubrir, en el fondo de aquellos vestigios, el dolor de su pueblo.

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